- A lo largo de este post, veremos la historia de los billetes.
- En esta historia hablaremos sobre cómo las sucesivas transformaciones del billete lo han llevado a verse como lo hace actualmente.
- Quédate para explorar todo esto y más…
Intentaremos trazar en este artículo una historia diferente sobre los billetes mexicanos. No será una historia de años y gobiernos. En este muestrario de billetes se hablará sobre los acontecimientos que han marcado la historia del billete mexicano, obligando a cambiar su producción, maneras de hacerse e incluso de regularse. Muchos de ellos están íntimamente relacionados con el Banco de México, pero otros con la situación económica y política del país.
Podemos mencionar algunos (en desorden), como la apertura de la fábrica de billetes del Banco de México, la pérdida de 3 ceros en el peso, el cambio del real al peso, la utilización de elementos de seguridad y diferentes tintas, el monopolio de impresión de billetes por el Banco de México y un largo etcétera. Ahora, a lo largo del post veremos también ejemplos y datos muy interesantes, así que quédate para conocer más sobre esta historia…

En un primer momento los billetes son impresos como opciones útiles para cargar grandes cantidades de dinero o hacer transacciones. Además, funcionaron en tiempos de crisis para tener más dinero disponible. Un ejemplo de ello fue en durante la independencia, tiempo en el que se hacían notas con cartón y papel escritas a mano para pagar a soldados o productos básicos.
Ahora, entre las denominaciones se mezclaban los pesos con los reales. Esta situación duro todo el siglo XIX a pesar de que las monedas (desde el Imperio de Maximiliano) habían adoptado únicamente el modelo decimal (con pesos y centavos). Un primer cambio se dio al homologar ya para finales del siglo XIX la denominación a los pesos. Sin embargo, también los tamaños de los billetes se fueron homologando a rectángulos de alrededor de 17 cm de largo y 7 de alto. Recordemos que anteriormente, los billetes tenían medidas muy diversas que iban desde los cuadrados de 4 cm (en la independencia) hasta los billetes del Iturbide que podían llegar al tamaño carta (28 x 21 cm).
En sus míticos orígenes, también fueron impresos en papel ordinario (muchas veces incluso en el reverso de documentos oficiales) y en blanco y negro. Sin embargo, la realidad supera a la utopía y, pronto, los billetes fueron falsificados. Por ello, se introdujeron diferentes medidas de seguridad en los siguientes proyectos de billetes (poco exitosos hasta la segunda mitad del siglo XIX, es decir, tras el Imperio de Maximiliano). Uno de estos mecanismos fue el fondo guilloché, grabados más complejos, un papel especial y un logro mayúsculo en la policromía.

Para ello, es relevante mencionar a los billetes infalsificables, pionero (al igual que en los billetes del Banco del Estado de Chihuahua de 1913, del Banco Minero y del Banco Oriental de México) en los complejos patrones con múltiples colores, lo cual los hacía muy difíciles de copiar, aunque no imposible. En este sentido, los billetes adquirieron colores poco comunes hasta el momento (pues prevalecía el bermellón, verde, negro y azul).
Los billetes eran emitidos por bancos estatales y bancos privados, pero pasaron a emitirse únicamente por el estado. Ya con la fundación del Banco de México en 1925, el gobierno tuvo el monopolio para imprimir moneda. Sin embargo, por los problemas para constituirse como banco, la producción no fue exclusiva del Banco de México sino hasta 1943. De aquí en adelante, la impresión de billetes será controlada.
Otro rasgo importante es que en estas fechas (alrededor de 1929 y 1931) los billetes no serían cambiados por su valor en metales finos. El oro se desmonetizó, lo que tuvo dos consecuencias: las monedas dejarían de producirse en este metal y los billetes no podrán ser cambiados por oro. En este sentido, se tornan elementos fiduciarios, es decir, que dependen de la confianza en quien vende y compra con estos instrumentos, lo que no solo cambia las leyendas que aparecen en los billetes (usualmente “pagará X al portador”), también la cantidad de billetes en circulación y su uso.

Lo que sí ocurrió es que México no imprimía sus propios billetes, pues los mandaba a hacer a la American Banknote Company (Estados Unidos) con los diseños que tenían en su catálogo y las medidas de seguridad usuales en la época. Sin embargo, esto cambia en 1969, con la apertura de la primera fábrica de billetes del Banco de México ubicada en Jalisco. De hecho, este año se cumplen 57 años de su fundación. Este acontecimiento marcó un antes y un después en los billetes de México, comenzando su producción dentro de país.
Con el desarrollo de la industria química y de materiales, llegaron nuevas medidas de seguridad, así como nuevos tipos de papeles resistentes a toda ocasión. Además, los parámetros de inclusión (por ejemplo, para personas invidentes) forzaron a tener diferentes medidas y sensaciones al tacto de los billetes. En estos avances despedimos al siglo XX y damos entrada al siglo XXI, época en la que se intenta mostrar la riqueza natural y cultural de México. Entre importantes Tlatoanis, flora y fauna en peligro de extinción, edificios emblemáticos, sitios patrimonio de la humanidad y hasta los avances de la modernidad, se encuentra nuestro dinero inscrito en los anales de la historia.
Bibliografía
Banco de México. (2026). Historia de la moneda y del billete en México. Banco de México. https://www.banxico.org.mx/billetes-y-monedas/d/%7B1EEDFA6C-8EDB-B7AD-11B2-528C7B69CC76%7D.pdf
