- ¿Sabías que la moneda en México ha tenido diferentes maneras de hacerse, lo cual ha respondido a nuestra particular historia nacional?
- No solamente encontramos la ya conocida acuñación a máquina, sino por golpe de martillo, resello y molde de arena.
- Acá te contamos de las piezas hechas con cada técnica, así como sus particularidades e historias.
Cuando hablamos de moneda también tratamos sobre su proceso de fabricación, en el cual se incluyen artistas, diseñadores, máquinas especiales, supervisores y todo un equipo de trabajo. Asimismo, cuando hablamos de moneda de necesidad hablamos de maneras más fáciles y baratas de producir dinero y, con la falsificación, maneras de copiar el circulante. Finalmente, con el viaje de las monedas a otros continentes y su intercambio, también se introduce una manera de hacer moneda: el resello. Así, exploramos diferentes maneras de hacer y crear en la numismática, pues no todas las monedas nacen de la misma forma…
En cada proceso se involucra una estética diferente; en otras palabras, cada proceso moldea de una cierta manera la moneda y le da un estilo, así como un carácter único y diferenciado. Varía mucho cómo se ve una moneda de molde de arena a una hecha a golpe de martillo. Además, se encuentran los errores de acuñación. Por ejemplo, en la acuñación a máquina son más comunes los errores con el cospel descentrado, pero en la acuñación por golpe de martillo los dobles golpes e incluso detalles menos visibles que otros. Aquí no solo te contamos sobre los procesos de fabricación sino los detalles, historias y monedas que han aparecido con cada uno de ellos.
Golpe de martillo
A la llegada de los ingleses y españoles a América, las monedas fueron producidas a golpe de martillo. Entre ellas se encuentran los antiguos peniques y chelines de mediados del siglo XVII, en lo que hoy son los Estados Unidos, y, en la parte del continente de habla hispana fueron las macuquinas. El origen de la palabra ya fue explicado con anterioridad en el blog, pero vale la pena recordarlo. Macuquina significa “a martillazos” y proviene del quechua macay cuna. Este proceso de elaboración de monedas comenzaba con la producción de cuños en España (grandes piezas de metal en cuyas puntas se encuentra el diseño en bajorrelieve para las monedas), los cuales se mandaban a las diferentes casas de moneda. En cada región se fundía el metal (ya fuera plata u oro), se hacían láminas y se recortaban manualmente los cospeles (el disco metálico sin impresión). Posteriormente se colocaba cada cospel entre los dos cuños (uno para el diseño del anverso y otro para el reverso) y se golpeaba una vez. Ya luego se podían añadir detalles con un punzón (como la fecha de emisión o el ensayador).

Cabe decir que esta manera de hacer monedas no era nueva, pues ha sido utilizada desde las primeras monedas de la humanidad, pasando por Grecia, Roma, la Edad Media y hasta bien entrado el Renacimiento europeo. Sin embargo, su uso ya era obsoleto para la época en la que se utilizó en América. Allá en España e Inglaterra ya existían máquinas para acuñar de manera menos artesanal, pero el problema era transportarla en barco. En concreto habían sido inventadas dos maneras de acuñar moneda (de hecho, desde el siglo XVI): la prensa de volante y el molino de laminación. Entonces, la manera de producción de dinero acá en América fue engorrosa y bastante lento (cosa que duró poco más de un siglo).
Acuñación a máquina
Mencionamos ya dos máquinas creadas en el siglo XVI que sustituyeron a la acuñación por golpe de martillo. Una de ellas es el molino de laminación. Aquí el principio es el mismo que un grabado, donde se coloca un relieve con tinta y debajo un papel. Sobre ellos se pasa un rodillo bastante grande con el fin de ejercer una presión similar en todo el grabado y obtener una imagen con tinta en el papel. Ahora, para las monedas no se necesita tinta ni papel. Entonces las láminas de metal se colocaban justo debajo de los rodillos. El diseño, en lugar de estar por separado, se incorporó a los grandes rodillos, que tenían bajorrelieve. Así, se ejercía una presión similar en toda la moneda, con lo cual se evitaban los típicos errores de acuñación por golpe de martillo: dobles golpes, monedas descentradas, golpes muy queditos, etc.

La segunda máquina es la prensa de volante. Aquí, había dos troqueles, uno abajo (fijo) y otro superior (móvil). A través de un volante, el troquel superior baja para fijar el diseño al metal crudo (cospel). Aquí, el volante podía llegar a ejercer una presión grande y homogénea, además de cortar las piezas. Se cuenta que el volante era girado por varios trabajadores por medio de cuerdas, al ser un instrumento pesado y también para que la moneda quedara lo mejor posible.
Resellos
La moneda no solo se crea de la nada, o bueno desde el metal fundido, pues también llega de otros países y hasta continentes. En aquellos tiempos, cuando la moneda aún tenía un valor intrínseco (y no el valor simbólico de las monedas actuales), era una necedad no aceptar la plata y el oro que venían de fuera como pago. La solución no fue volver a fundir el metal, sino reintroducir la moneda, pero con una supervisión previa y un sello de autorización. Esto sucedió por ejemplo en Japón y China con la moneda mexicana. En ciertas épocas y con la escasez de moneda y plata, aquellos países asiáticos resellaron nuestros reales. Hubo varias maneras de hacer esto: mediante un sello de tinta o con punzones que dejaban marcas secretas en cada pieza.
Los sellos de tinta en colores rojo o negro llegan a ocupar la totalidad de una moneda con letras y caracteres de cada país al que arriban (se encuentran monedas resplandor con caracteres chinos y japoneses que son casi casi indelebles). Sin embargo, los resellos más comunes son los realizados con punzones, con los que queda marcada la moneda permanentemente. Se cuenta que los resellos llegaron a ser verdaderos códigos, con el fin de que monedas que aún no pasaran la inspección no fueran contrabandeadas y selladas ilegalmente. Así, no solamente se encuentran letras, sino números y símbolos.

Pero dejemos Asia, en México también sucedió el fenómeno del resello, sobre todo entre los insurgentes. Morelos resellaba con su monograma las monedas coloniales y las monedas del bando realista. Aquí no era utilizando un punzón, sino un cuño más chico con el cual se golpeaba la moneda huésped. En estos sellos se encuentran los de forma cuadrada, ovalada y redonda. Algunos otros resellos de la época de la independencia son los hechos por el Congreso de Chilpancingo, las de Don José María de Linares, Vicente Guerrero, José María Liceaga, el Supremo Congreso Nacional, José Francisco Osorno, Juan Villagran y los de las siglas L.V.S. (Labor Vincit Semper o el trabajo siempre vence).
Molde de arena
Durante la revolución se utilizó el método del molde de arena para copiar monedas fácilmente. En concreto, existen varios ejemplos en los que se copian las monedas resplandor (en centavos y pesos). La moneda, a pesar de que posee sus elementos bien definidos (su diseño), aparece muy rugosa (como si fuera papel lija) y con efectos de burbujas de aire. Hubo de varios tipos en estas monedas vueltas a fundir: monedas cuyo valor en metal se reducía (había menos contenido de plata), monedas que cambiaban de denominación y monedas con resellos para volverlas oficiales en ciertos lugares.
La técnica que se emplea es la siguiente: 1) primero se imprime la moneda en un molde de arena (donde se quedan sus elementos y las particularidades de diseño); 2) luego se funde el metal a utilizar, 3) se vacía el metal en el molde de arena y, al enfriar, se retira, logrando una copia muy cercana al original. Cabe decir que este método es muy utilizado para realizar piezas y componentes metálicos, al igual que ciertos repuestos baratos, por ser rápida y demasiado barata.
Bibliografía
Rojas, J. (2018). Historia y Técnica de la Acuñación de Moneda. Numismática Visual. https://www.numismatica-visual.es/2018/03/historia-y-tecnica-de-la-acunacion-de-moneda/
