- Los billetes tienen otros nombres, dados por los numismáticos y por la historia dada su rareza, aspecto físico o relación a alguna narración popular.
- Algunos de ellos son tan conocidos como los bilimbiques y otros solo por algunos expertos. Por ello, vale la pena repasar los diferentes seudónimos. Y tú, ¿conoces algún otro apodo?
Así como las monedas, los billetes también se conocen por apodos, colocados por los numismáticos más expertos e incluso por mucha gente que junta, y con ayuda del tiempo, les fija un seudónimo. Aquí no nos referimos a los típicos apodos para el dinero, como la lana, varo, billullo, milpas, plata, pasta o feria, sino a apodos colocados a una determinada variedad de billetes y que, con un poco de humor, refieren o incluso se burlan de las características físicas de los ejemplares.
Hemos visto, con las monedas, apodos tan certeros, como los columnarios, que refieren a los reales mexicanos, pues presentaban un mapamundi entre dos columnas de Hércules. También, vimos apodos un tanto humorísticos, como las monedas peluconas o cara de rata, ya te imaginarás el porqué. En todos ellos se ve el lenguaje coloquial de la numismática. Aunque se debe decir que estos apodos se conocen poco a poco por los iniciados en la disciplina y que, a medida que descubren el mundo de las medallas, billetes y monedas, entran en su lenguaje y, por así decirlo, en el gremio. A continuación, se verán ejemplos de los apodos de los billetes, entre ellos los bilimbiques, los indomables y otros más.
Bilimbiques
Quizá el apodo más popular de un billete sea “bilimbiques”. Estos fueron billetes emitidos en la revolución por pura necesidad. Y es que la moneda escaseaba por el difícil acceso a las minas y las inseguras rutas de transporte entre ellas y las casas de moneda. Así, diferentes tipos de empresas, compañías, comercios, ejércitos, y otros emitían papel moneda sin ningún tipo de sustento bancario. El billete, cabe decir, solamente se ocupaba en una determinada región. Por ejemplo, los billetes de un ejército solo se podían cambiar en los territorios de su ocupación o, de igual manera, los billetes de una corporación solo podían ser cambiados en las comunidades donde estaban presentes. Esto se debe a que los billetes eran promesas de cambio por monedas reales al terminar el conflicto armado, entonces solo tenían valor en tanto fueran la autoridad competente en un determinado lugar

Ahora, el origen del nombre es incierto, pero se especula que se debe a William Weeks, quien pagaba a los trabajadores de la minera Green, en Cananea, con estos vales de papel. Una cosa llevó a la otra y los billetes de Billy Weeks (Billy para los amigos) pasaron a denominarse bilimbiques al decirse mal y rápido por los trabajadores. Cabe decir que los bilimbiques se realizaban con papel y cartón y a veces estaban estampados con precarios sellos. Su emisión se encuentra en los tiempos más álgidos de la Revolución, entre 1913 y 1916. Además, se devaluaban muy rápido y eran prácticamente inutilizables con cualquier cambio de autoridad en una zona.
Indomables
Los billetes indomables se emitieron también en la época revolucionaria, específicamente en 1916. Fueron una variante de las múltiples que emitió Carranza y sus generales durante el gobierno provisional que estableció en aquellas épocas. El diseño no es lo que le otorga el apodo, pues otros billetes de la época también cuentan con la estatua de Colón, el escudo nacional (el águila devorando a una serpiente en un islote en medio del lago de Texcoco), una cabeza de piedra tolteca y una moneda de un peso (en el reverso).

Más bien, los billetes indomables son conocidos así por tener impresas en rojo las letras de la palabra INDOMABLES y juntos, los billetes, se puede leer la palabra de manera muy clara. Algunos historiadores señalan que se trata de un mensaje político del gobierno provisional de Carranza, que alude a la fortaleza de los billetes (que no se devaluaban fácilmente, a diferencia de los bilimbiques), a la fortaleza de su régimen y a que eran los billetes en los cuales debía confiar el mexicano.
Infalsificables
Los billetes infalsificables vienen luego en esta historia. Su acuñación se debe a los esfuerzos de Carranza también. Ahora su apodo se debe al problema de la falsificación. Y es que se imaginarán el grave problema de los bilimbiques y otros billetes hechos de manera apresurada: sus medidas de seguridad no eran buenas y los materiales con los que se hacía eran fácilmente replicables. Con ello, la falsificación monetaria estaba a la orden del día a lo largo y ancho de toda la república mexicana.
Para combatir el problema, Carranza encargó unos billetes a American Bank Note Company de Nueva York con diseños complejos y buenas medidas de seguridad, entre ellas el uso de varios colores en su impresión. Según las fuentes, se emitieron 250 millones de pesos infalsificables para sufragar los gastos de guerra y también para generar confianza en el uso del billete. Además, los billetes podían cambiarse por su valor en moneda u oro. No obstante, fracasaron rotundamente al devaluarse rápidamente (alrededor del 90% en unos meses), al perder la confianza de la gente y, en su segunda emisión de 1916, dejar de cambiarse por metálico.
Dos Caritas
Estos billetes ya no tuvieron que ver con Carranza, sino con Francisco Villa. Su origen está en Chihuahua, donde circularon en valores de cincuenta centavos, uno, cinco, diez, veinte y cincuenta pesos entre 1914 y 1915. El apodo de dos caritas proviene de su diseño: la cara de Francisco Madero y Abraham González, presidente de México y gobernador de Chihuahua respectivamente antes de la subida de Huerta al poder. Ambos, además, fueron víctimas del huertismo.

La información de expertos cuenta que el billete tuvo una muy amplia emisión (se especula que entre 25 y 225 millones) y su impresión estuvo a cargo de dos compañías básicamente: la Maverick-Clarke, de San Antonio Texas, y la Norris-Peters, de Washington D. C. Por otro lado, se pueden encontrar en su estado original o resellados en otros territorios y hasta en líneas enemigas. Cabe decir que son piezas comunes hoy en día.
Alrededor de este billete se cuenta una historia curiosa que, sin importar su veracidad, retrata de excelente forma el desarrollo de los apodos de los billetes. La siguiente narración gira en torno a Álvaro Obregón y los billetes dos caritas:
– Considere usted señor General, que estos billetes hoy tienen un valor y mañana no lo tienen, porque entran unos y son los buenos, pero entran otros y ya no valen los billetes de las tres caritas.
El general Obregón escuchó la protesta con asombro y preguntó:
– Óigame usted, ¿como que billetes de tres caritas? Dirá usted de billetes de dos caritas, el Sr. Madero y Don Abraham González, porque tres caritas, no las hay.
– Cómo no, señor General, ¡Son tres caritas! La del Señor Madero, la de Don Abraham González y la carita que nosotros ponemos cuando los recibimos y cuando nos dicen que no valen. Dígame usted si no son de “tres caritas”.
Bibliografía
García, G. (2011). Dinero Villista: Los Dos Caritas de Chihuahua. Travel León. https://www.travel-leon.net/2011/07/dinero-villista-los-dos-caritas-de-chihuahua/
Segovia, P. (2022). La historia del fracaso de un billete nacional en la Revolución. Relatos e Historias en México. https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/la-historia-del-fracaso-de-un-billete-nacional-en-la-revolucion
de León Tallavas, R. (2025). La emisión dos caritas. Puebla Antigua. https://www.facebook.com/groups/puebla.antigua/posts/25716397694621023/
