La Moneda Bizantina: Triunfo del Imperio

  • ¿Qué dice la imagen de la moneda o billete que cargamos?
  • En este artículo tratamos sobre el poder de las imágenes en las monedas.
  • Hablamos particularmente de la época bizantina, donde se comienza a fraguar una interesante disputa alrededor del uso de las imágenes religiosas en la moneda llamada sólido.

Introducción

En el imaginario religioso, hay una gran disputa entre lo que es de este mundo y lo que es del más allá. De hecho, y quizás esto nos revela mucho, la moneda está al centro de esta disputa. La moneda es el símbolo de la avaricia por excelencia, de lo que es bajo y cambiante en este mundo. Junto con las flores y las frutas ha sido el símbolo para representar la fugacidad de la vida y alertar a los incautos de que no hay que preocuparse por cosas vanas (estas obras son conocidas como vanitas o memento mori en el arte).

De hecho, Jesús, al señalar esta separación entre lo que es del César (el mundo) y lo que es de Dios (el trasmundo) lo hacía refiriéndose a las monedas con el busto del emperador. Recordemos que el gran Julio César fue uno de los primeros en colocar su propia imagen en una moneda. Antes de él se solían colocar a gobernantes importantes del pasado, héroes de narraciones mitológicas y hasta dioses, por lo que la movida de Julio César fue tomada como un acto de narcisismo puro. Esto llega hasta las manos de Jesús para separase completamente de él.}

Imágen Ilustrativa. Imperio romano. Nummus de bronce (c. 383-408 d. C.). De venta en Cenumex.

No obstante, y lejos del caído Imperio romano, Constantinopla desarrolló no solamente el arte de los íconos, también monedas con representaciones de Cristo. Esto sin duda parece algo paradójico, pero revela una historia muy interesante y también toda una reflexión sobre las imágenes que portamos en los bolsillos ya sea en forma de monedas o billetes. Quédate para explorar estos temas…

Triunfo del Imperio

En sus primeros años, el cristianismo atravesó su fase de constitución, donde escritos, representaciones y lugares de culto fueron afianzándose. Luego, con el Imperio romano respirándoles en el cuello, tuvieron que defender su fe a capa y espada, lo que constituye la época del culto a escondidas y los mártires. Sin embargo, con las visiones de Constantino, su conversión al cristianismo y, además, el apoyo total del Imperio, tuvo su fase de expansión y, por decirlo de una forma, globalización. El culto se extendía agresivamente fuera de las murallas de las ciudades, comunicando su doctrina religiosa por todos los medios posibles.

Aquí, como la doctrina seguía haciéndose a través de concilios y la mano de obra de filósofos y teólogos, hubo disputas sobre si era legítimo representar a Dios en íconos y, aún más, monedas y otros artefactos de uso cotidiano. En una primera instancia chocaron los iconoclastas contra quienes apoyaban el uso de imágenes. Pronto fue que se descubrió el poder de las imágenes. La solución, aquí muy resumida, fue decir que la imagen tenía un valor de uso: a través de ella (del ícono del santo o de alguna persona divina) se llegaba al encuentro y contemplación de Dios mismo. La imagen, además, tuvo un valor central en la educación y evangelización religiosa. Bien es dicho que una imagen vale más que mil palabras. Quienes no sabían leer ni escribir, tenían una lengua distinta o no estaban en contacto con la vida religiosa de un país podían aprender sobre el contenido de las escrituras cristianas. Todo aquel que viera una imagen era susceptible de aprender y, quien sabe, de convertirse.

Como sugerirán estudiosos contemporáneos, la imagen forma nuestra sensibilidad y nos constituye, si somos lo que comemos, aún más las imágenes con las que estamos en contacto todos los días. En este sentido, la figura de Cristo se intentó utilizar en todos lados para traer a las aguas cristianas a los “paganos”. Un dato interesante es que las monedas bizantinas son las primeras en representar a Cristo y no solamente la cruz. Para el Concilio de Quinisexto (año 692), las autoridades religiosas habían decidido que detrás del emperador Justiniano II no apareciera más la Victoria cargando una cruz, sino al mismo mesías. De esta manera, se observa el poder de las imágenes (y sobre todo de las monedas) para poner de acuerdo a políticos y religiosos.

Sin embargo, esta decisión estuvo marcada por fuertes críticas, empezando por quienes condenaban el uso de figuras y símbolos religiosos en pintura y mucho más en monedas. Por ello, cuentan los expertos que la cruz se hizo a un lado para colocar al hijo del emperador en una estrategia por legitimar el poder de León III. Así, la moneda fue un campo en disputa por ver quién se hacía con la mirada del mundo, con la mirada de los súbditos para expandir su influencia y el respeto a su tradición.

Poco a poco lo que se configura es esta unión entre la imagen que se vuelve, la mirada que acepta lo que ve y la relación entre el poder político y el poder de Dios, todo ello mezclado en las representaciones numismáticas. Además de la figura de Cristo, otras representaciones, como María cargando a su hijo o un ángel, hicieron su aparición como dignas de poder ser vistas por todo el mundo. Compartimos, además, la conclusión de Mondzain, quien asegura que en la representación religiosa se da algo más que una simple imagen. Con la imagen de Dios en la moneda de oro se aprecia un valor simbólico de la moneda que sobrepasa su valor real, un valor imaginario que está en la fe religiosa y que hace de la moneda un instrumento valioso más allá de los confines del imperio y su sistema monetario. Aquí, según esto, surge la idea de un sistema fiduciario, es decir, una moneda basada en la confianza (como es actualmente).

Imágen Ilustrativa. Imperio romano. Nummus de bronce (c. 324-328/30 d. C.). De venta en Cenumex.

Todo esto se efectuó en el sólido bizantino, la moneda con más alto valor, pues estaba hecha en oro. Con ella convivía el nummus (hecho en bronce) en sus diferentes denominaciones, así como otras monedas introducidas posteriormente, como el hexagram y el miliaresión (introducido ni más ni menos que por León III). Se veía aquí la continuidad con el sólido y los nummus romanos, pero también pequeños cambios que llevaban a la humanidad hacia la moneda medieval.

Nuestra conclusión es breve y en forma de pregunta: ¿qué nos quiere decir la imagen que vemos sobre una moneda?, ¿por qué hay sellos de la Casa de Moneda, de los héroes nacionales, símbolos patrios o representaciones del arte prehispánico?, ¿de qué manera aseguran la confianza en una moneda?, y, ¿cuál es el poder de la imagen que vemos en nuestro dinero hoy en día?

Bibliografía

Mondzain, J.-M. (2005). Image, icon, economy (R. Frances, Trad.). Stanford University Press.

Soto Calderón, A. (2022). Imaginación material. Ediciones Metales Pesados.


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