La Historia del Oro hasta las últimas Monedas Áureas

  • La poca producción del oro en México desde las culturas mesoamericanas no ha impedido la elaboración de artefactos y monedas con un gran poder simbólico.
  • En Nueva España poco a poco el negocio del oro se volvió menos rentable y, paradójicamente, el escudo de oro adquirió una importancia tremenda.
  • Después de muchísimas acuñaciones de escudos y pesos de oro, el siglo XX vio su desaparición a manos del nuevo sistema fiduciario, haciendo un lujo innecesario la acuñación en metales preciosos. Con ello llegan las últimas monedas de oro de México.

En la cultura, el oro es el metal más reconocido para las monedas. Hoy en día es fácil identificar el color dorado y su particular brillo con las cosas valiosas y la riqueza. Tanto en dichos, series, películas o libros, el oro es ensalzado como una de las pertenencias más preciadas. El oro, sin embargo, no es solo una leyenda, pues tiene cualidades que lo hacen muy valioso por sí mismo, como su durabilidad (incluso no pierde su lustre ni se “quema” con el aire), resistencia, maleabilidad (capacidad para deformarse sin romperse), estabilidad, gran conducción del calor y la electricidad, así como sus funciones dentro del ramo de la medicina (en algunas enfermedades y tratamientos, como la tuberculosis o enfermedades de la piel).

Este elemento de la tabla periódica, es uno de los metales más socorridos en la historia para hacer acuñaciones numismáticas, aunque su rareza lo hizo difícil de conseguir, por lo que el oro se ha mantenido en las monedas de más alto valor, ya sea en la antigua Grecia, en Roma, el Imperio bizantino, los califatos árabes, el Imperio español y el Imperio británico, la cultura mexica y hasta bien entrado el siglo XX, cuando comenzó a sustituirse su uso por otros metales más fáciles de conseguir y menos valiosos. En este post exploraremos la historia del oro en nuestro país, comenzando con su función dentro de las culturas prehispánicas y hasta las últimas monedas de oro. Quédate para saber más de esta fascinante historia…

El oro mexica

Entre las culturas mesoamericanas el oro no fue abundante. Entre las pocas maneras de acumular oro se encontraba la recolección del oro de placer, el que se encuentra en ríos y en el fondo de los lagos. El oro, entonces, tuvo un peso modesto en la cultura mexica y en general en Mesoamérica, gozando de mayor relevancia el caco, las plumas o incluso las piedras preciosas (incluido el jade). Sin embargo, esto no le restó importancia simbólica.

Se utilizaba para crear piezas con fines rituales y para dejarse en ofrendas funerarias. Por ello, se recolectaba de los pueblos sometidos para ser llevado a la gran Tenochtitlán tras diferentes guerras o simplemente el pago de impuestos. De esta manera, podía funcionar como una especie de moneda para saldar deudas tributarias y tenía una importancia mayúscula en su significación simbólica. El oro se asociaba a la deidad Xipe Topec, dios solar que tras el desprendimiento de su piel se va la sequía y comienza la lluvia, es decir, la fertilización de las tierras. También, el oro era símbolo de estatus entre la nobleza que, por su asociación con el sol divino, se distinguían de la parte acuosa, es decir, el pueblo. Finalmente, los dioses en la iconografía vestían adornos dorados, sobre todo aquellos relacionados con la agricultura (por el papel del sol en el crecimiento de cultivos).

La quimera del oro

Desde España, los viajes de exploración y conquista en América fueron vistos como un fracaso. A la llegada a las islas del caribe, se habían vislumbrado muy poco oro en minas y ríos. Poco llego por estos medios y poco más por los nativos, a quienes se les cobraba impuestos en oro o se les intercambiaba el metal precioso por otros bienes. No fue sino hasta la llegada a América continental que hubo más contento: no solo se tenían minas más bastas, sino que los europeos podían saquear los tesoros que habían acumulado nuestras grandes civilizaciones. Este incremento se vio más en América del Sur (como en Colombia, Perú y Bolivia) que en la Nueva España.

De hecho, el Imperio Mexica tenía pocos tesoros en oro, en el territorio se habían identificado pocas minas de este metal (sobre todo al norte del país) y usualmente el metal se obtenía de los ríos, lo que se conoce como oro de placer. Pero vamos por partes. La primera de ellas son los tesoros mexicas que obtuvo Hernán Cortés de la conquista de Tenochtitlán. La historia cuenta que tras la derrota de Cortés en la noche triste muchos de los tesoros que habían acumulado (robados de las arcas de Moctezuma) cayeron al lago. Entonces, mucho de eso se perdió.

Perú. 8 Escudos de Oro “Carlos IV” (1995).

Ya con la entrada triunfante de Cortés en Tenochtitlán, ordenaron traer a Cuauhtémoc para interrogarlo sobre los tesoros restantes, a lo cual respondió que todo fue saqueado por ellos. Ahí, se produjo la quema de sus pies como tortura para que dijera algo más sobre el tema. Sin ningún tesoro extra, Cortes se conformó con un botín de 2 millones de pesos, repartidos entre los reyes españoles, los soldados (a quienes les tocó apenas 80 pesos por cabeza) y él mismo, para saldar las deudas de la expedición, pues los gastos habían salido casi casi de su propia bolsa.

Por las fechas, se descubrió la mina de oro de Tehuantepec, cuya producción se consolidó más hacia el siglo XVIII. Esta mina fue una de las más importantes, sino la más relevante, en términos de extracción de oro. Fuentes dicen que las minas ubicadas en este lugar pertenecían al mismo Hernán Cortés. Además, otras regiones mineras fueron Motines (en Michoacán), Zacatula y Zumpango (ambas en Guerrero). Sin embargo, México no es un territorio conocido por su abundancia en oro. Pronto lo reconocieron los españoles, pues (a comparación de Perú) la producción del metal fue mucho más chica.

Por esta razón (las pocas minas y su poquita producción), se comenzó a encomendar a los nativos extraer el oro de placer en los ríos mexicanos, lo que sucedía en la zona de la Mixteca y en todo Oaxaca. A la par, la producción en las minas mencionadas decayó hasta hacer de esta actividad algo muy poco rentable. Lo mismo sucedió tiempo después con el oro de aluvión.

Entonces, el oro utilizado por los españoles para sus monedas de más alto valor (los escudos de oro) provenía de estas minas, de la “recolección” del oro de placer, de los tributos en oro que daban los nativos e incluso se realizaron monedas de tepuzque, es decir, monedas con menos contenido de oro, pues se mezclaba con cobre.

España. 8 Escudos de Oro “Carlos IV” (1998).

Lo que sí ocurrió fue el descubrimiento de yacimientos de plata, cuyos volúmenes altos de producción pusieron a nuestro territorio en el radar del mundo. Un dato interesante es que entre 1788 y 1808 la mina de la Valenciana (Guanajuato) produjo alrededor de 30 millones de pesos, algo superior al PIB del Virreinato del Perú. En este sentido, la riqueza más importante del país pasó a ser la plata. Aquí es importante mencionar a China, con quien hubo grandes rutas comerciales gracias a su gran apreciación por la plata inclusive más que el oro (pero este es otro tema).

En México, las monedas de oro fueron los escudos, cuyo valor superaba a los reales y se utilizaban en transacciones de más alto valor. Al principio hubo escudos macuquinos, hechos a base de golpes de martillo en gran parte del siglo XVII. Los siguientes fueron los escudos de acuñación por máquina en denominaciones de ½, 1, 4 y 8 escudos. Su producción empieza en 1732, con las monedas de Felipe V y, pasando por Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, llega hasta el siglo XIX, incluso después de haber comenzado la guerra de Independencia (aproximadamente hasta 1820). Otras monedas de las que poco se habla son las acuñaciones hechas a principios del siglo XVIII para enseñarlas al Virrey y el Rey español. Estas monedas no tuvieron los bustos de los gobernantes en turno, sino el escudo y la cruz. Son monedas raras y que, a diferencia de otros escudos de la época, están perfectamente recortadas, centradas y estampadas.

De los escudos hasta los últimos pesos de oro

La historia continua por la guerra de independencia, tiempo en el cual solamente se tiene noticia de unas cuantas monedas de oro acuñadas en la Ceca de Guadalajara por el bando realista. Estas monedas tenían el busto de Fernando VII, a quien alababan como su rey los conservadores de por acá. De esta moneda áurea se crearon en oro los 4 reales de 1812 y los 8 reales de 1812, 1813 y 1821 (en este último año, el busto de Fernando se retoca y se le quita su uniforme de gala).

Pasando por la victoria de los insurgentes en la guerra y el ascenso del primer emperador de México, vienen las monedas de 4 escudos y 8 escudos de Iturbide. Dichas monedas también fueron emitidas en solamente dos años: 1822 y 1823. Se identifican por contener un rostro más bien adolescente, sino infantilizado, de Iturbide y retratar a un águila que no solamente está coronada, también es muy delgada y muy poco imponente, tanto que en algunas ocasiones se le ha apodado “pollito”. Otra característica de estas monedas son sus múltiples variedades, pues el retrato del emperador cambia drásticamente, así como su longitud y cercanía con las letras; también, el reverso cambia: algunas veces el águila se encuentra dentro de un escudo, en otras está más flaca o más inclinada y, según los expertos, incluso las espinas y tunas de los nopales cambian.

México. Onza de Oro “Sacerdote” (1996).

De ahí en adelante, las monedas que contendrán oro serán los ½, 1, 2, 4 y 8 escudos, desde 1823 (con los primeros 8 escudos de la recién nacida República Mexicana) y hasta 1873. Estas monedas son curiosas por su diseño: una mano escribe sobre la constitución mexicana y encima de su pluma se encuentra un gorro frigio, símbolo de libertad. A la par de las monedas republicanas, se encuentran las monedas del segundo emperador, Maximiliano de Habsburgo (acuñadas entre 1864 y 1866). Aquí, lo interesante es el paso del antiguo sistema monetario (basado en reales y escudos) al nuevo sistema, con exclusivamente centavos y pesos (con una base decimal). Ahora, la moneda con más alto valor serían los 20 pesos elaborados con oro 0.875. Esta moneda, cabe decir, es bastante rara y muy codiciada, pues apenas se conocen 9,000 acuñaciones de este ejemplar. En ella se observa el busto de Maximiliano volteando a la derecha y detrás un escudo por demás decorado y con bastantes simbolismos…

Para acabar con el siglo XIX, las monedas de finales de siglo fueron ricas en oro. No solamente eran los 20 pesos, también las monedas de a peso, 2 ½ pesos, 5 pesos, 10 y 20. Las últimas denominaciones (5, 10 y 20) son fáciles de reconocer, pues tienen una balanza detrás de un libro y sobre estos elementos un gorro frigio resplandeciente. Las demás, (1 y 2 ½ contienen solamente la denominación en el anverso, junto con hojas de laurel y olivo).

El siglo XX vio la desaparición de la moneda de oro (no la moneda de oro conmemorativa, que se sigue haciendo, sino la moneda de oro del día a día). A inicios de siglo se acuñaron monedas de oro de 5 y 10 pesos con el rostro de Hidalgo. Seguido de ello, para 1917 llegaron las monedas de 20 pesos con el calendario mexica, en 1918 llegaron las nuevas monedas de 2 ½ pesos, también con la cara de Hidalgo y para 1919 las de dos pesos. Las últimas en acuñarse fueron los 50 pesos con el ángel de la independencia sobre lo alto y cuya primera fecha de acuñación es 1921. Todas ellas llegaron para quedarse hasta, más o menos, los años 50, siendo las “últimas” monedas de oro que vio circular masivamente el país. Posterior a la fecha, la plata se quedó, pero no por mucho tiempo, y hoy en día tenemos que lidiar con el bronce, aluminio, zinc, níquel y, si va bien, el cobre. Esta es la realidad del cambio de los sistemas monetarios en todo el siglo XX, que cambió el oro por la confianza, el metal por especulaciones financieras…

Bibliografía

Flores Pérez, F. (2012). El oro y su lugar en el México prehispánico. Antropósfera. https://antroposfera396901656.wordpress.com/2021/02/12/el-oro-y-su-lugar-en-el-mexico-prehispanico/

Hillerkuss, T. (2013). Las minas de la Nueva España en los mapas del Siglo XVI. ¿Un secreto del Estado? Apuntes: Revista de Estudios sobre Patrimonio Cultural – Journal of Cultural Heritage Studies, 26(1), 10-25. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-97632013000100002&lng=en&tlng=es

Langenscheidt, A. (2009). El oro en el área mesoamericana. Arqueología Mexicana, (99), 20-23. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-oro-en-el-area-mesoamericana

López Luján, L. (2017). El oro de las ofrendas y las sepulturas del Recinto Sagrado de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, (144), 58-63. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-oro-de-las-ofrendas-y-las-sepulturas-del-recinto-sagrado-de-tenochtitlan

Lucena Giraldo, M. (2024). La plata de América, la riqueza en la que se sustentó el imperio español. National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/plata-america-riqueza-que-se-sustento-imperio-espanol_7696

Rivero Hernández, I. (2023). El oro y los “pesos de oro” en los inicios de Nueva España. Una propuesta de reinterpretación. Historia mexicana, 73(2), 543-587. https://doi.org/10.24201/hm.v73i2.4677  


Deja un comentario
Cenumex
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.