- En muchos sentidos, el siglo XIX fue un caos: un periodo atravesado por muchas guerras, presidentes, imperios y dictaduras.
- Sin embargo, también hubo caos en la numismática: varios sistemas monetarios y una variedad grande de monedas de todos tipos.
- Aquí te contamos sobre las vicisitudes de la moneda durante el siglo XIX.
El siglo XIX es una de las épocas más complicadas para los estudiosos de la numismática, sobre todo por los múltiples acontecimientos que ocurrieron en el país. En especial, recordamos las múltiples acuñaciones y variedades de monedas que hubo durante la guerra de independencia, los cambios de moneda con cada nuevo imperio (el de Maximiliano y el de Iturbide), las mil y una cecas oficiales e improvisadas en todo el país, así como el naciente billete, del cual muchos bancos del país (tanto nacionales como estatales) contaban con su emisión particular.
Esta es una época de caos en el estudio numismático. Aquí, nos enfocaremos en explicar este sistema monetario tan barroco, enfocándonos en dos aspectos muy relevantes: el cambio del real y el escudo al centavo y al peso, así como las emisiones de moneda en las múltiples repúblicas mexicanas (interrumpidas por la instauración del Segundo Imperio Mexicano). Lo que veremos será una época donde convivían dos sistemas monetarios, pero también billetes y monedas no solo federales, sino también de acuñación en cada estado. Por ello, cabe adentrarse poco a poco en este interesante, pero vasto tema…

Cobres del siglo XIX
Para el siglo XIX, después de la Independencia de México, el clima político se había descontrolado. Entraban y salían presidentes, emperadores y México transitaba entre guerras con países extranjeros (principalmente Francia y Estados Unidos) y guerras internas. Pero no solamente era lo político; también las monedas de plata y oro comenzaron a escasear. Para ello, la población estaba lista, elaborando tlacos y pilones al por mayor. Pronto su emisión se multiplicó enormemente, al igual que la falsificación y el abuso por parte de los emisores. Había tlacos y pilones de haciendas, municipios, comerciantes, mineras y, por ende, los trabajadores cobraban su salario en esta moneda sin sustento (fiduciaria) y hacían sus compras diarias también con este método de pago.
Para solucionar estos diversos problemas, se emitieron monedas de cobre que valían en cada estado. Así, comenzó la acuñación más en forma de monedas de 1/16, de 1/8 y de 1/4 de real. Lugares como Chihuahua, Durango, Guanajuato, Jalisco, el Estado de Occidente, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas emitían estas monedas para ser utilizadas exclusivamente en su territorio. Sin embargo, estas monedas convivieron con los tlacos y pilones. Además, su falsificación fue un problema durante todo el siglo XIX. Y, finalmente, las monedas se utilizaban en otros estados con un valor diferente dependiendo de su calidad, tamaño, metal, diseño o lugar (porque la moneda variaba de ceca en ceca). Un ejemplo de esto último son las acuñaciones de San Luis Potosí y Zacatecas, populares por su increíble calidad de acuñación.

Así, poco fue lo que resolvieron estas monedas. La situación llegó a un punto culminante alrededor de la década de los 30’s, donde el gobierno federal intervino para acuñar monedas válidas en toda la nación. Pero, como en todo, el chanchullo le ganó hasta a la más excelente ceca y los falsificadores traían moneda acuñada desde el extranjero o, también, se disponían de máquinas para hacer monedas con una alta calidad. Lo que se decidió, por la enorme cantidad de moneda de cobre en circulación, fue sacarla de circulación y realizar nueva. Aquí, las consecuencias negativas eran más grandes que los beneficios, por lo que solamente se dejaron de acuñar y a las monedas existentes se les redujo a la mitad su valor.
Solo para conocer algunas de ellas, son las monedas que tienen los cupidos, los monumentos en forma de pirámide, la señorita Libertad sosteniendo un gorro frigio, las manos que sostienen dos martillos, los resplandores, así como las monedas con simplemente la denominación. Entre ellas encontramos las de los estados y las federales.

El real y el peso
Ahora bien, desde 1824 se establecieron alrededor de 13 casas de moneda en toda la república para acuñar moneda de oro y de plata. En algunos casos, su duración fue bastante amplia; por ejemplo, en el caso de Zacatecas, cuya ceca permaneció abierta desde 1824 y hasta 1905. Otras, sin embargo, como la Casa de Moneda de Tlalpan (antigua capital del Estado de México) solo funcionaron por un breve periodo de tiempo (en este caso de 1828 a 1830). En la mayoría de los casos, su cierre definitivo se dio entre 1893 y 1895. Entre las cecas del siglo XIX encontramos a las ya mencionadas casas de moneda de Zacatecas y Tlalpan, así como Álamos (Sonora), Culiacán (Sinaloa), Chihuahua, Durango, Guadalajara (Jalisco), Guadalupe y Calvo (Chihuahua), Guanajuato, Hermosillo (Sonora), Oaxaca, Real de Catorce (San Luis Potosí) y San Luis Potosí. En este sentido, la producción de moneda se encontraba descentralizada y, además, los estados tenían libertad para decir cómo y dónde emitir moneda de cobre.
Con respecto al sistema monetario, hubo diferentes intentos por establecer el sistema decimal utilizado ya en Europa. Entre las propuestas se encontraban la de Comonfort (1857), Juárez (1861 y 1867) y Maximiliano (1864). Del intento de Benito Juárez solo diremos que tuvo varios problemas, entre ellos el desfavorable clima político del momento (con la intervención francesa), el alto costo del cambio y la devaluación de los pesos en el comercio internacional (Asia, sobre todo). Por otro lado, si bien Maximiliano impuso el uso del sistema decimal, este solo duró durante su imperio. Posterior a 1867, las monedas que fueron emitidas fueron los reales, los escudos, los centavos y los pesos. Así, ambos sistemas convivieron durante un buen periodo de tiempo. En el caso de los escudos, su última acuñación fue en 1870, aunque hubo acuñaciones tardías, por ejemplo, los ocho reales de la ceca de Hermosillo en 1873. Los reales, por su parte, se siguieron acuñando hasta 1895 y, en algunos casos, hasta 1897.

En esta situación, los pesos se realizaron con el mismo peso y ley que los ocho reales, pero con un diámetro menor. Se sustituyó el diseño de los ocho reales, el gorro frigio con el resplandor detrás, por la balanza. En este nuevo diseño aparece la ley, sobre ella una balanza, detrás una espada y por encima de todo el gorro frigio con el resplandor. Así, se representaba la libertad (gorro), la igualdad (balanza), la soberanía (resplandor), el cumplimiento de la ley (espada) y la legalidad (ley). Posterior a 1897, cuando desaparecen los reales, surge el diseño del gorro frigio con el resplandor otra vez, pero ahora para los pesos.
¿Conoces alguna otra moneda relacionada o alguna anécdota de este periodo de tiempo? Recuerda que el blog numismático es un espacio para la comunidad numismática, por lo que cualquier sugerencia, comentario o aporte será bien recibido…
Bibliografía
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Muñoz, M. L. (1984). La moneda llamada un peso. Jurídica. Anuario del departamento de derecho de la Universidad Iberoamericana, (16), 179-185. https://revistas-colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/juridica/article/viewFile/11004/10062
