Mejor que la Telenovela: la Radiografía de un Billete de 1905

  • Entre historias de desamor, robos y proposiciones indecorosas, hacemos un análisis de este billete de 1905 cuya historia es digna de telenovela.
  • El protagonista principal es la época porfiriana, pero sobre todo los dos “amantes”: Antonio Mier y Celis y Manuela García-Teruel y Manso.
  • Conozcamos todos los detalles de los 5 pesos de 1905 del Banco Nacional de México.

1905 fue un año ubicado casi al final del porfiriato. Un año en el que se realizaron grandes obras para el país, como las distintas líneas de ferrocarriles. Entre el incesante tumulto del centro de la Ciudad de México apenas se alza la estructura de lo que será el Palacio de Bellas Artes. Además, en aquellos tiempos no solo la Alameda Central tenía árboles, también la plancha del zócalo, por la que transitaba algún solitario coche, caballos y uno que otro animal de carga. Existían, rodeando y atravesando todo el centro, las acequias o pequeños canales con agua donde transitaban mercancías y donde también viajaba la gente. Avenidas como Churubusco, Viaducto, San Joaquín, la Viga, Becerra y muchas más aún eran canales transitables y esparcían a su alrededor el verdor de los matorrales y los árboles.

Entre estas calles se paseaban personajes ilustres como el gran escritor y “maestro de América”, Justo Sierra (recién nombrado Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de México); Porfirio Díaz, como presidente de México; Luis G. Urbina, todavía redactor del periódico El Siglo XX bajo la batuta de Justo Sierra; José María Velasco, el mítico pintor mexicano que en 1905 se retira a seguir pintando a su casa en la Villa (al norte de la Ciudad de México); o Antonio Rivas Mercado, el arquitecto de la Columna de la Independencia y, por ese año, director de la Academia de San Carlos.

Puede ser que algunos de ellos hayan utilizado los billetes de 5 pesos del Banco Nacional de México. Tal vez fuera para viajar a Puebla en primera clase dentro del ferrocarril interoceánico por solo 5 pesos, a Veracruz en tercera clase por el mismo precio, comprar camisas de lino a 1 peso y 50 centavos ahí en Plateros, 42 libros en remate a solo 3.50 pesos o ahorrar para un abrigo de 35 pesos del exclusivo Palacio de Hierro y juntar otros dos billetes de 5 para las pastillas contra el insomnio a 15 pesos el frasco. Todo ello anunciado en periódicos como El País o La Voz de México.

Eran sin duda otros tiempos, otros precios y otra ciudad. Aquí, también el sistema monetario funcionaba de manera distinta. Por un lado, México adoptaba el patrón oro, es decir, una cantidad de oro respaldaba a una moneda, asegurando su convertibilidad y su valor con respecto a otras monedas. Por otro lado, los billetes tenían un funcionamiento peculiar: había distintos bancos privados, los cuales estaban autorizados para emitir papel moneda en cada estado. Sin embargo, había entidades nacionales, como el Banco Nacional Mexicano y el Banco Mercantil Mexicano, que contaban con sucursales en todo el país.

Ahora, los dos bancos anteriormente mencionados se unieron para crear en 1884 el Banco Nacional de México, con sucursales en toda la república (el mismísimo banco que imprimió el billete de 5 pesos que estudiamos aquí). Un dato interesante es que el Banco Nacional de México sobrevivió las turbulencias de la Revolución Mexicana y llega hasta el presente con el nombre de Banamex. Ahora, los billetes que emitieron, como era común, se realizaron con la American Bank Note Company. El procedimiento era que, con la elección de un grabado de su colección o por medio de una foto, se hicieran las ilustraciones para los billetes.

De esta manera, había catálogos de temas de interés para Latinoamérica, una de las zonas donde más clientela tenían. Así, aparecen escenas de la vida rural, de flora y fauna “exótica” y, en general, se pinta un retrato de México más cercano al del nuevo turista o el desconocedor de las realidades del país. Pues bueno, esto sucede con una ilustración que está en el billete de 5 pesos (sí, el del caso de estudio). En el anverso se encuentra, en color café, una escena de varios marinos contemplando lo que se supone es América. Se retrata la llegada de Colón al continente y, a su vez, se observan dos acompañantes: un marinero expectante (augurando la conquista del territorio) y otro hincado rezando (augurando la conquista espiritual de América). Lo curioso es que este diseño se encuentra en contadas ocasiones entre los billetes de México, siendo desterrado, valga el juego de palabras, tras la revolución y los ejemplares del gobierno provisional de México (los de 1916).

Ahora, la siguiente curiosidad es esta: en todos los billetes del Banco Nacional de México (a excepción del billete de 1913 de 50 centavos y el billete de prueba para la denominación de 100 pesos) aparece el retrato de Manuela García-Teruel y Manso. En otras palabras, la mujer que aparece del lado derecho en el anverso está en todos los billetes, en toda la nación, desde 1885 y hasta bien entrado 1913. Por esta razón, aparecen en el folclor mexicano varias historias al respecto. Se cuenta que Antonio Mier y Celis (una de las personas más ricas en el país durante el porfiriato y presidente del Banco Nacional de México) colocó a la mujer en los billetes con el fin de impresionarla. Para esto, Manuela García-Teruel y Manso (o doña Manualita) venía de una familia con buena posición económica en el estado de Puebla. Los chismes dicen que Antonio se enamoró de doña Manuelita y le propuso ser su amante, pues el presidente del Banco Nacional de México estaba casado. Una de las versiones (la más jugosa) dice que doña Manualita lo rechazó y se negó a darle un retrato de ella para los billetes, por lo que Antonio mandó a robársela y la imprimió en todas las emisiones de su banco. Se desconoce si su historia fue de amor o desamor; lo que sí especulan algunos expertos es que, “ya que no podía obtener su efigie para llevarla junto al corazón, la tendrían en sus manos todos los habitantes de la República Mexicana”.

Pero pasemos a otras cosas. Su lugar en el catálogo de billetes mexicanos es el M298. Tiene las siguientes características: fue emitido desde 1888 y hasta 1913, tiene 70 milímetros de ancho por 155 de largo y su acuñación no se limitó a la Ciudad de México, pues circuló con un sello en 55 ciudades distintas del país. Está impreso mayoritariamente en amarillo, negro y café, con sellos en rojo y, por reverso, uno azul. De hecho, también es interesante el sello azul del reverso, el cual indica otro valor: “Medio Centavo”. Este fue probablemente un resello en el que se indicaba la aceptación del billete, pero con un valor reducido al no poderlo cambiar por oro (como vimos al principio) en las sucursales del banco. Por otro lado, los precios de estos billetes varían según su estado de conservación, aunque se encuentran a un relativo bajo precio: el ejemplar más caro no llega a superar los 2,200 pesos y el más barato (de los peores conservados) llega a costar alrededor de 430 pesos (según los precios de catálogo).

¿Cuáles son otras historias y leyendas fascinantes de los billetes?, ¿Qué otros secretos y anécdotas cuentan?, ¿te sabes alguna otra? Te recordamos que el blog de Cenumex es un lugar abierto para la comunidad, por lo que son bien recibidos los comentarios, propuestas, preguntas, enmiendas y hasta artículos.  

Bibliografía

Castelli Olvera, A. K. (2022). Manuela García-Teruel Manso, una señorita decimonónica en el billete. En Religare. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 7(33), 7-27. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9016532.pdf

Frapton, C. (Ed.) (2017). Mexican Paper Money. World Numismatics.

Los periódicos, como “La Voz de México” y “El País”, consultados para los anuncios y precios de la época fueron obtenidos de la Hemeroteca Nacional Digital de México.


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