Falsificaciones Monetarias, una Larga Tradición

  • Las falsificaciones no son cosa de las películas ni tampoco de la actualidad. La falsificación existe desde la época prehispánica, cuando se imitaba hasta el cacao.
  • Tiempos como la colonia o la revolución mexicana ilustran que la falsificación era no solo sofisticada, también muy practicada.
  • En el siglo XX, con el nacimiento del Banco de México, no desaparece la falsificación, sino que lanza el reto a los falsificadores que, incluso hoy, intentan hacer pasar gato por liebre.  

Una moneda no es solamente un pedazo de metal. Alrededor de su producción se han realizado innumerables pruebas de seguridad para que no sean falsificadas. Además, las instalaciones de las Casas de Moneda mantienen en secreto sus operaciones y colaboradores para hacer más seguros sus procesos. Esta secrecía tiene respaldo en los millones de pesos falsificados encontrados por las autoridades. Para darnos una idea, en 2021, según datos de Banxico, se identificaron 140 mil billetes de 500 (los más falsificados), 77 mil billetes de 200, 34 mil billetes de cien, 4 mil piezas del billete de 50 pesos y 500 piezas de los billetes de 20, solo refiriéndonos a los billetes.

A pesar de que los métodos se han refinado en la actualidad, la falsificación inicia en la época prehispánica. Los comentadores e historiadores dan cuenta de la falsificación del cacao por varios métodos interesantes: se le podía quitar el relleno al cacao, sustituyéndolo por lodo, arena o huesos de aguacate molidos; también, se podía crear una mazorca de cacao con barro y, al pigmentarla y barnizarla, podía pasar desapercibida alrededor de los demás cacaos.

Luego, con la llegada de las monedas al territorio de México (traídas por los españoles). Hay testimonios, recogidos en el Archivo General de la Nación, que no solo dejan constancia de este delito, también evidencian (a su manera) la manera de falsificar y las piezas producidas. En este caso, se entintaron las monedas y estamparon en grandes pliegos de papel, dejándonos a la posteridad referencias a los crímenes monetarios del periodo colonial. Resta decir que las falsificaciones se pagaban caro: quienes eran pescados por las autoridades eran juzgados por los tribunales reales (al ser un delito grave) y condenados a la muerte en la hoguera, confiscación de sus bienes y la infamia. Para conocer los documentos referidos, el siguiente link.

Puebla. 5 Centavos (1915). Falsificación de época.

Los testimonios que nos deja la época indica que había varias maneras de falsificar las monedas: a través del vaciado, por la elaboración de cuños falsos y el robo de los cuños originales. En los tres casos, el metal predilecto era el estaño, algunas veces en aleación con plata, para darle un efecto realista.

Aunque no es propiamente falsificación, las monedas coloniales se solían recortan en sus extremos (sobre todo de las monedas que no eran circulares ni tenían bordes regulares). Así, se podían juntar los recortes de las monedas de oro y plata para volver a fundirlas. Esto también era considerado un crimen, pero era una práctica común que pocas veces se perseguía.

Las falsificaciones continúan en el México independiente, pero se disparan durante el periodo de la Revolución. Esto se debió a varios factores, como la pobre manufactura de los billetes y monedas en ese tiempo, así como la utilización de otros metales (la plata y el oro se utilizaron de manera limitada por los problemas alrededor de la minería y el transporte de los metales a las Casas de Moneda). Hay casos muy sonados, como la inmensa falsificación de los bilimbiques, estos billetes hechos con papel y cartón comunes, así como con diseños simples (y hasta burdos).

Otro de los factores que aportó a la falsificación masiva de billetes es la cantidad de diferentes tipos que había. Tan solo Carranza, para sustentar sus gastos, recurrió a la impresión de billete en varias ocasiones: primero con los conocidos “Monclova”, luego los del ejército constitucionalista, los del gobierno provisional de México, los de Veracruz y hasta sus generales realizaron billetes. Se cuenta que para 1916 había ya alrededor de 21 clases distintas de billetes en circulación (alrededor de 700 millones de pesos). Esta deuda (pues los billetes eran una promesa de cambio por moneda al término de la revolución) se acrecentó gracias a los especímenes ilícitos, hundiendo al país y su estabilidad económica.

Puebla. 5 Centavos (1915). Falsificación de época.

Para evitar la falsificación, entonces, Carranza abogó por una reforma monetaria, fruto de la cual se hicieron los billetes “infalsificables”. Su nombre se debe a la calidad artística que deberían tener para no poder ser copiados ni por los mejores. Otra peculiaridad es que los bancos canjeaban las monedas por los infalsificables en relación de 5 a 1, es decir, un peso “infalsificable” por 20 centavos de oro. Como muchos de los billetes de la revolución, su uso duró poco, pues fueron perdiendo valor y al cabo de solo un año fueron inutilizables. La razón es que los billetes se sustentaban solo en “el uso de las armas”, cada derrota en el campo de batalla o territorio perdido, dejaba desamparados a sus poseedores.

El surgimiento del Banco de México no puso fin a las falsificaciones. De hecho, desde las primeras emisiones de billetes, se han imitado estas piezas con fervor criminal. El primer caso de falsificación en el México moderno lo recuerda el mismo Banco de México. Este suceso ocurrió en 1934, cuando las autoridades se percataron de una enorme cantidad de billetes de 20 dólares falsos que estaban circulando por el país. Como resultado, se detuvo a un falsificador de renombre internacional: Alfredo Héctor Donadieu, alias “Enrico Sampietro”. Donadieu tenía una gran habilidad artística, razón por la cual realizaba falsificaciones de moneda tanto mexicana como extranjera con una calidad excepcional.

Tras su arresto, conoce en la cárcel al sacerdote jesuita José Aurelio Jiménez, líder de la organización “La causa de la fe”. La organización, al igual que los grupos cristeros, abogaba por perjudicar al estado por medio de la falsificación o emisión de billetes alternativos. Consideraba al Estado como anticlerical, con uno de sus mayores argumentos en la tremenda Ley Calles. Donadieu estaba dispuesto a colaborar con la organización, por lo que el sacerdote arregló la fuga de Donadieu de prisión, tras lo cual poco se supo de su paradero. Para la década de los 40, Donadieu continua sus actividades ilegales con billetes mexicanos de 20, 50 y 100 pesos, todos con su estilo y calidad. Su historia acaba con su detención y deportación a Francia para el año de 1961.


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Bibliografía

Berdan, F. (2013). El cacao como dinero. Arqueología Mexicana. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-cacao-como-dinero

Cebreiro Ares, F. (2021). Una lesa majestad provisional: procesos de falsificación monetaria en la Real Audiencia de Nueva Galicia (1802-1820). Relaciones. Estudios de historia y sociedad, 42(165), 49-77. https://doi.org/10.24901/rehs.v42i165.768

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Gómez, M. y Anaya, L. (2014). El Infalsificable y el fracaso de la estabilización monetaria en el carrancismo. México, 1916. En Intersticios sociales, 8, 1-25. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-49642014000200006

Grupo Reforma. (2022). Dinero fake: cuántos billetes y monedas falsos hay en México. Reforma. https://www.reforma.com/dinero-fake-cuantos-billetes-y-monedas-falsos-hay-en-mexico/ar2153380

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