- ¿Qué son las tajaderas aztecas y cuáles son algunos datos curiosos al respecto?
- Aquí exploramos las “monedas” de cobre del siglo XVI, trayendo a la mesa las tajaderas y los maravedís.
- Acompáñanos a este recorrido por el México colonial.
Tras la conquista de Tenochtitlán y la colonización española, las ansias de saber sobre el “Nuevo Continente” y en especial México llevaron a la elaboración de historias, relatorías, cartas y, en general, todo tipo de literatura dedicada a la descripción exotizada del territorio. Se contaban las proezas de Juan de Grijalva, Diego Velázquez, Pánfilo de Narváez, así como de Cortés. Se describían a las personas, los tianguis, las calles, los sitios de culto, la vegetación, los animales. En este clima cultural, el fraile Juan de Torquemada elabora una obra de gran importancia para todo aquel que estudie este periodo de tiempo: Monarquía indiana.
De hecho, en la obra se encuentra la primera descripción de lo que son las tajaderas aztecas. Estas se describen como piezas de cobre en forma de la letra tau (T), las cuales tenían tres o cuatro dedos de ancho (entre 5 y 7 cm). Junto al cacao y a las mantas pequeñas de algodón (patolcuachtli), eran muy utilizadas en ciertos tianguis para adquirir mercancía. Además, se cuenta que eran planchas delgadas que se solían llevar los nativos en hilos para cargar varias. Algunas de estas tajaderas también se realizaron en oro.

Según refieren algunos especialistas, las tajaderas eran hechas con cobre fundido, el cual se vertía en un molde hecho con varias piedras. Posteriormente, la tajadera alcanzaba la forma y dureza necesarias a través de golpes con piedras de río. Se sabe que su valor era de 8 mil cacaos y de casi un real (4 piezas recién acuñadas valían 5 reales). Sin embargo, estas piezas se devaluaban por el uso o antigüedad, a tan solo 1 real por cada 10 piezas.
En otros documentos también se menciona que las tajaderas tenían un uso práctico en las sociedades mesoamericanas: servían para raspar pieles o para la cerámica. Es por este uso que algunas de las tajaderas dejaban de contar con su valor original para devaluarse. Sin embargo, otros autores describen un uso diferente: servían como herramientas para la guerra o para cortar árboles.
En este sentido, hay un debate entre si las tajaderas aztecas fueron objetos cotidianos que servían para realizar trueques debido a su funcionalidad o si eran objetos sagrados (como en la cultura olmeca, donde se elaboraban hachas de jade para los entierros y como objetos rituales). Esta última hipótesis, la de las tajaderas como objetos rituales, se sustenta en las representaciones de los códices y descripciones de la época, en donde eran elaboradas con oro para ser llevadas como tributo, para las guerras y para ceremonias de corte religioso. Estos objetos, entonces, eran llevados por las clases nobles o dirigentes y eran parte de los objetos que daban estatus social.

Ahora, por esta cuestión, los pobladores de clases más bajas comenzaron a hacer tajaderas de oro de tepuzque, es decir, de oro rebajado con cobre, dando una apariencia muy similar a tajaderas elaboradas realmente con metales preciosos. Poco a poco, estos objetos fueron haciéndose de cobre completamente para dar paso a su uso monetario.
Sin embargo, este debate no es el único relacionado con las tajaderas; también los expertos tienen problemas para situarlas temporalmente. Algunos mencionan que surgieron hasta después de la conquista e incluso después de la Casa de Moneda de México (alrededor de 1545). Los argumentos son que no aparecen plenamente entre los relatos de la conquista de México, cuando sí lo hace el cacao, el jade, las mantas o incluso el oro. Otros más dicen que las tajaderas precisamente tienen orígenes muy antiguos en la vida mesoamericana, pero su uso como moneda es más reciente, por este devenir desde objetos rituales hasta instrumentos de cambio.
Lo que es cierto es que se data su uso hasta 1548, época en la que se reemplazaron por monedas elaboradas en la ceca nacional, con un control sobre los sellos, la forma, el metal y el peso. En este caso fueron los fallidos maravedís de cobre los que se encargaron de hacer la sustitución. Los maravedís fueron mandados a acuñar por el virrey Antonio de Mendoza en 1542 con el fin de contar con una moneda para transacciones bajas.

Sin embargo, esta nueva moneda de cobre no tenía el apoyo de los nativos mexicanos (por ejemplo, no contaba con el simbolismo y la historia que tienen las tajaderas). Entonces, muchas de estas emisiones terminaron siendo aventadas al Lago de Texcoco en desacato de las autoridades. Así, muchas de ellas han sido desenterradas del fondo de la ciudad, con daños relacionados con el agua. Para 1552 se dejan de hacer las dos denominaciones del maravedí (2 y 4) y en 1556 se retira oficialmente de circulación sin mucha gloria.
En siglos posteriores, la moneda de cobre toma la forma de los tlacos, pilones, fichas y también de monedas acuñadas oficialmente, como el ⅛ y ¼ de real. Estas monedas, por demás curiosas, comienzan a emitirse desde finales del siglo XVIII, cuando la guerra de independencia yacía cada vez más cerca. Las representaciones de castillos y leones, en grande o dando vueltas a una cruz de flores, aparecen en monedas pequeñas y frágiles. Así como las tajaderas y los maravedís, todas ellas marcan un antes y un después en la historia de las monedas de baja denominación y su aceptación entre el público nacional.
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Bibliografía
Márquez Lorenzo, E. (2021). La moneda de cobre en las sociedades mesoamericanas. Desacatos, 66, 96-111.
Torquemada, J. (1975). Capítulo XIV. Que prosigue el mercado, o tiánguez, que en Mexico y otras ciudades y pueblos de esta Nueva España había y hay de presente. En (M. León-Portilla, Ed.), Monarquía indiana. Instituto de Investigaciones Históricas. (Obra original publicada c. 1615).
Sánchez Vázquez, M. y Mena Cruz, A. (2004). Monedas del siglo XVI en la Ciudad de México. Arqueología Mexicana, (65), 72-75.
